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Motivos para amar a Arthur

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Motivos para amar a Arthur

Mensaje por Andrea Hernández el Dom Abr 24, 2011 8:51 am

“Por que él siempre tiene los mejores consejos para los momentos más difíciles. Nada mejor que recurrir a Inglaterra cuando tienes un problema”

Alfred alzó sus adormilados ojitos azules para encontrarse con la mirada esmeralda de Arthur, quién se encontraba recostado a su lado con un libro de cuentos en las manos, leyéndolo en voz alta para él. El mayor tenía una radiante sonrisa en el rostro, y adecuaba sus tonos de voz de acuerdo a los acontecimientos del cuento, cómo cualquier padre lo haría al contarle un cuento su hijo. Tardó unos segundos en darse cuenta de que su hermanito lo estaba viendo fijamente y, después de leer una última línea, cerró el libro, puso el separador para evitar perder la página y se acomodó mejor junto al pequeño.

— ¿Qué pasa, Alfred? —Inquirió, acariciando con suavidad su cabeza. Estaba tan feliz con el pequeño niño a su lado. Él siempre lo escuchaba tan atentamente…no perdía detalle alguno de los cuentos de hadas que le narraba. Le prestaba más atención que la que los demás países, y eso le resultaba muy dulce de su parte.

El rubio se restregó un ojito con cansancio y soltó un pesado suspiro. Arthur pudo notar lo cansado que estaba, y frunció levemente el ceño mientras se preguntaba por qué aún no se habría dormido. Tomó al menor en brazos, cargándolo, y le observó fijamente a los ojos. Normalmente a esas alturas ya debería de estar dormido. Estaba a punto de abrir la boca para preguntarle por que aún no hacía, justo cuando Alfred posó con suavidad sus manitas en sus mejillas. Parpadeó desconcertado, observando cómo el niño simplemente le observaba fijamente por un rato. Luego, soltó un pequeño suspiro y ladeó la cabeza. Arthur no pudo evitar sonreír.

—Arthur, tengo un problema—Afirmó con seguridad, inflando las mejillas infantilmente. El inglés arqueó una ceja y ladeó la cabeza igualmente, curioso. ¿Qué clase de problema podría tener una colonia de su edad? Aún con la sonrisa en su rostro, tomó las manos de Alfred y dejó el libro de cuentos a un lado.

— ¿Qué clase de problema, Alfred? Dímelo, te ayudaré en lo que pueda—Observó cómo el pequeño bajaba la mirada, avergonzado. Comenzó a sospechar que tal vez el menor hubiese hecho alguna travesura, tal vez hubiese roto alguna de sus costosas y finas tazas de porcelana que le había dicho muy claramente que no tocara, o tal vez le hubiese hecho alguna maldad a alguna hadita. Pero el puchero del pequeño América, por alguna razón, hizo que no pudiese enojarse por eso en ése momento. Aún era un niño y, aunque aquellas tazas eran en verdad valiosas, para Arthur su hermanito era aún más valioso. Lo perdonaría, tal vez le daría un sermón, pero no lo iba a castigar. Lo dejaría pasar, por esa ocasión. —Si es por que de nuevo estuviste jugando con mi juego de té, err…n-no tienes que preocuparte. Está bien, ¿Okay?

Aunque se tratase del pequeño América, aún no era normal para él pasar por alto algo que en otras condiciones, viniendo de cualquier otra persona, provocaría que se escandalizara y armara todo un alboroto. Trató de esbozar una sonrisa tranquilizante, aunque más bien pareció asustar a Alfred por lo insegura que se veía. Las mejillas de la pequeña colonia se sonrosaron levemente, y permaneció con la mirada fija en la cama mientras que negaba rotundamente con la cabeza.

No, i don’t—Respondió en un tonito de voz muy bajo. Arthur hizo una mueca de extrañeza.

Seriously? Entonces, ¿Qué es lo que sucede? —Las mejillas de Alfred se encendieron tanto que casi brillaron en la oscuridad. Arthur no entendía nada, y estaba más que confundido. Si no había roto nada, ¿Entonces por que estaba tan cohibido?

—A-Arthur…¿Recuerdas que te había dicho que derramé jugo en las mantas? T-Todas las noches…—Oh, ahora lo entendía todo. No pudo evitar esbozar una sonrisa aún más grande. Todo cobraba sentido en ese momento. —Y-Yo quería decirte…que….b-bueno, en realidad...—El niño se moría de la vergüenza, retorciendo las mantas entre sus manitas, nervioso. Arthur soltó una pequeña risa, que resonó en toda la habitación a causa del considerable silencio que hacía. Alfred le miró sin comprender, curioso.

—Alfred, no hay nada de malo en hacerse pis en la cama—De golpe, todo el rostro de Alfred se ruborizó por completo, pareciendo una tetera dejara al fuego. Touché, había dado en el clavo. Tuvo que ahogar otra risita. Él lo sabía desde antes, aunque le había seguido el juego al más pequeño para evitar avergonzarlo.

Please, don’t say it to anybody. Los heroes no mojan la cama nunca…—Murmuró, inflando las mejillas. Arthur sonrió y abrazó al menor contra sí mismo, sin poder reprimir más sus risas. Alfred emitió soniditos de indignación e incomodidad, dándole pequeños golpecitos en el pecho en un inútil intento por que lo soltara. Finalmente, se dio por vencido y simplemente se acurrucó en el pecho de su hermano mayor.

—No te preocupes, Alfred. A partir de ahora, simplemente debes asegurarte de no tomar mucha agua antes de dormir, y siempre ir al baño antes de acostarte. Poco a poco te irás acostumbrando y cuando tengas ganas en la noche simplemente te levantarás. Cómo los héroes hacen. Fine? —Sintió el leve asentimiento de la cabecita del menor, y cómo Alfred aferraba sus manitas a sus ropas. —Hasta entonces, tendré que lavar tus mantas. ¿Está bien? —Escuchó divertido el gemido indignado que soltaba la colonia, riendo. Cerró los ojos y permaneció así por unos minutos. Pronto sintió cómo la respiración del más pequeño poco a poco se iba haciendo más leve y acompasada.

Alfred estaba dormido. Y Arthur, después de asegurarse de que se encontrara en una posición cómoda, igualmente se dejó caer en manos de morfeo. Ya mañana lavaría las mantas sucias…o bueno, más bien se daría un largo y aromático baño. Tal vez no debió de cometer el error de dejar a Alfred dormirse sobre él.

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Este fic será un conjunto de drabbles con motivos para amar a Arthur [Que hay demasiados 8D] que he decidido hacer en honor a su cumpleaños! Espero que les agrade >u< ¿Reviews? ¿Tomatazos? ¿Hamburguezasos? ¿Sconazos? ¡Golpes con la comida a su elección, señores!~
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Andrea Hernández

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