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Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

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Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Johan Van Gosselt el Dom Jun 12, 2011 10:02 am

¡Jodida suerte! ¿Cómo demonios había ido a parar ahí? Johan caminaba algo inquieto de un lado para otro en la playa de aquella isla totalmente desconocida y nueva, dejando detrás de si las huellas de su repetitivo recorrido. Pateó algo de arena, levantándola en una nube de polvo que se esparció rápidamente por la brisa marina.

Estaba que hechaba humo. No, no era por estar perdido y sin nada más que la ropa mojada que traía encima... lo que molestaba e inquietaba de sobremanera de la situación era la presencia de cierto ex capitán español suyo.

-Maldición- Masculló entre dientes. Pensando en alguna manera de salir de esa situación. Era eso o esperar que algún milagro ocurriese, lo cual era poco problable por no decir absurdo, solo un idiota creería en esas cosas. Ahora que tenía la mente mas clara y despejada podía reflexionar en lo que había sucedido y además poder darse cuenta que parte de todo esto era culpa del capitán sentado tranquilamente donde la marea tocaba tierra. Si, el era culpable.

Flashback

Era como cualquier día en altamar, Johan realizaba sus deberes correspondientes dentro de la tripulación. Agradecía que todo estuviera tranquilo, disfrutaba en demasía del simple y armónico ruido de las olas chocando contra el barco. Todo iba absoluta y extrañamente bien... pero como todo tiene un final. A lo lejos en el horizonte visualizó otro navío. Pensó que se trataría de algún Capitán Real. ¡Vaya error! Era nada más y nada menos que una nave pirata y casualidad o no, se trataba de la tripulación del capitán Carriedo.

Al poco tiempo todos terminaron enfrascados en la pelea e incluso el quien tarde o temprano se encontró frente a frente el español... de ahí en adelante todo ocurrió velozmente. Una tormenta, ellos cayendo al agua y finalmente despertando en la playa de una isla desierta.

Fin del flashback


Refunfuñó un par de veces más, mirando de reojo al otro. ¡No iba a morirse esperando a ser rescatado! Idiota el si piensa quedarse allí. Comenzó a adentrarse entre el espeso follaje de arbustos y árboles. Tal vez si buscaba encontraría comida y porque no, también algún pequeño estanque para beber de el y quitarse de encima la sensación de agua salada sobre el cuerpo.
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Johan Van Gosselt

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Re: Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Antonio Carriedo el Sáb Jun 18, 2011 3:34 am

Suspiro. De todas las personas con las que había podido quedar atrapado en esa isla, de todos los seres, de todo tenía que haber sido él . Casi parecía un chiste, un muy, muy, muy mal chiste donde alguien en vez de riendo saldría llorando. Se encontraba sentado de forma relajada en aquella hermosa y clara playa, como si se tratara de uno de esos montones de viajes que solía hacer por mera diversión.

Gruño al ver la dirección que tomaba Johan, debatiéndose apenas segundos en hablarle o no. Creía creer que lo odiaba, pero después de todo había sido alguna vez uno de sus niños. —Hacía allá no hay agua a menos que quieras darle la vuelta completa a la isla— comento de forma mordaz, pero sincera. Se hecho el sombrero, que había encontrado al llegar a la playa, sobre los ojos y a su vez la cabeza en los brazos.

No le apuraba el no ver ni rastro de sus embarcaciones o de la tormenta que los había terminado por arrastrar a aquel lugar. Aun que si le agobiaba bastante el hecho de que hubiera dos espacios de tiempo vacios en su mente, pero no era cualquier cosa olvidada, si no que sentía que había algo importante lo que faltaba. A lo que comenzó a revisar periódicamente sucesos importantes ya que, aun que no lo pareciera, el no era tan descuidado como aparentaba. Al final que aun bastaba bastante para que el neerlandés decidiera dejar de lado así fuera un poco aquel enorme orgullo, volver y tomar por fin la dirección que le había indicado.

Un día soleado, precioso para andar vagando por la mar sin preocuparse de cosas como raciones o dineros o cosas por el estilo. Había tenido clases con su prima de combate, estado con el italiano y su hermana… simplemente un gran día hasta que se escucho una voz al grito de — ¡Nave Enemiga!— claro que se habían visto envueltos en una cruenta pelea, un reto como aquel no se desperdiciaba. Como se podía esperar, optimista como él solo, en ningún momento imagino que en la nave que estaba a punto de saquear y dejar a su suerte era donde justo se encontraba una de las personas que, estaba seguro, mas le odiaba. Lo había encontrado en cubierta peleando, como siempre, por su cuenta. Fácilmente quedaron frente a frente, luchando con todo ese resentimiento que había quedado ahí por años. De ahí en más la cosa se volvía bastante confusa…

La tormenta llegando de la nada, los barcos moviéndose con fuerza de un lado a otro… caer a la mar… ser llevados a aquella isla. Recordaba recuperar el control de su cuerpo cuando el cielo aun estaba encapotado y el aire silbaba como si de lamentos se tratara. Verlo ahí, tirado, como si no tuviera vida. Unos tortuosos minutos hasta lograrlo hacer respirar con normalidad pasaron, pero Antonio seguía percibiendo su mundo como un sueño. También recordó haberse quedado sobre el otro unos momentos más de los que debía mirando en lo que se había convertido aquel Subordinado revoltoso que en algún momento había sido uno de sus más grandes orgullos. El viento jalando el flequillo rubio dejando a la vista aquella cicatriz. Fue entonces que se aparto de golpe sintiendo su mente volver a la realidad, tirándose lo suficientemente lejos para poder respirar aun que lo bastante cerca por si era el otro el que no podía hacerlo.


Cualquiera que hubiera conocido al Padre de Antonio en aquel momento hubiera podido jurar que era el quien estaba echado sobre la arena, su viva imagen no sería una forma errada de referirse a el. Se levanto por fin, mirando a todos lados en busca de Isabel, su preciada hacha. Deseo con todo su ser que ella no terminara muy profundo ya que recordaba claramente caer con ella aun en mano.

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Re: Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Johan Van Gosselt el Sáb Jun 18, 2011 10:50 pm

Se alejó unos metros cuando escuchó la voz del capitán indicándole de malos modos que por allí no iba a encontrar absolutamente nada. Lo ignoró y continuó su camino, tal vez fuese mejor perderse, porque tener que verle la cara todo el tiempo que estuvieran en aquel lugar sería un peor castigo. Calculaba, por la posición del sol, que no era más de medíodía; de vez en cuando alguna que otra nube proyectaba su sombra sobre la arena, eso significaba que la tormenta podría seguir cerca. Quitó varias ramas, apartó plantas e incluso se hizo pequeños cortes en las manos por las que tenían espinas para al final toparse con más arena y mar. Inhaló y exhaló muchas veces con frustración, aunque jamás lo admitiría frente al español: él tuvo la razón desde un principio.

Antes de regresar sobre sus pasos, a lo lejos, un intenso brillo captó su atención. Se acercó y para su sorpresa, su espada reposaba junto a la enorme hacha del moreno. Las casualidades no terminaban.

De vuelta por la espesa flora del lugar, su mente divagó: recordaba la pelea, no con lujo de detalles pero si la mayor parte; la tormenta y justo el momento que cayeron. Mas no entendía algo...

Se ahogaba, era la única idea que rondaba en su cabeza. Acabaría todo para él. Vaya vida. Al menos sus hermanas permanecían seguras, además ellas pensaban que había muerto desde aquel ataque a la casa de sus padres, mejor, así no se enterarían que durantes los últimos años no había hecho más que convertirse en un vándalo y demás atrocidades que seguramente jamás se perdonaría. Aunque ahora fuese parte de la Guardia Real no podría borrar su pasado.

Aun vivía pero le costaba demasiado trabajo ventilar, sin embargo ya no estaba a la deriva en el oceáno. En cambio, su espalda tocaba tierra. A pesar de estar en un estado de inconciencia lograba escuchar todo a su alrededor. Alguien se acercó e hizo todo lo posible para salvarlo. Minutos mas tarde se sentó con dificultad, la cabeza le daba vueltas, mas eso no le impidió notar la mirada jade observándolo con... ¿preocupación?...Lo seguro era que su imaginación le jugaba una mala pasada, ¿o no?


¿Por qué? ¿No habría sido mejor dejarlo morir? Después de todo Antonio también le odiaba y sobretodo por lo ocurrido hace pocos años. Con la parte trasera de la mano se secó unas gotas de sudor sobre su frente y se apartó el cabello de la cara. La humedad del lugar era sofocante y por tanto también se desabrochó varios de los botones de su camisa dejando al descubierto parte de su pecho.

-Ahi tienes- Le dijo al mayor, quien al parecer dormitaba con el sombrero sobre la cara, clavando el mango del hacha con brusquedad y lo suficientemente cerca para llamar su atención -Ahora ayúdame a buscar agua, comida y algo para refugiarnos por si vuelve la tormenta... o del sol- Ordenó al otro con las mejillas ligeramente rojas a consecuencia de estar tanto tiempo a merced del astro rey.

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Re: Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Antonio Carriedo el Dom Jun 19, 2011 5:53 am

La sonrisa del mayor se extendió con burla y un claro pensamiento: Sabía que volvería. Tan predecible como el solo. O eso era lo que quería creer... Bajo el sombrero se ocultaba la mueca de superioridad del hispano la cual paso apenas por segundos a ser de sorpresa al notar el estruendo a su lado. — ¿Isabel?— parpadeo por unos momentos procesando. — ¿Donde estaba? —Se vería cansado de caminar y medianamente seco así que el mar quedaba descartado... ¿Quien los había sacado del mar al igual que sus armas?


Gruño por lo bajo al reconocer aquella odiada sensación de ser parte del juego inconsciente de alguien quien preferiría esconderse y ponerlo frente a uno de sus mas grandes enemigos antes de enfrentarlo frente a frente.


Se puso en pie verificando que se tratara de su querida Isa, suspiro un poco. —Sígueme entonces —era lo mas justo, aun que esperaba que Johan no se lanzara sobre el de un momento a otro para asesinarlo... otra vez. Casi le causaba gracia pensarlo pero su sonrisa no era mas que una pequeña y disimulada mueca. Mirando bien los alrededores comprobó que estaban en el punto norte de la isla. — Por aquí —comenzó a caminar hacia la dirección contraria de la que había tomado anteriormente el neerlandés. No fue demasiado lo que recorrieron, al menos no desde el punto de Antonio quien llevaba casi una hora descansando, antes de comenzar a ver algunos arboles con frutos tropicales. —Solo, no comas las azules —rio por lo bajo al recordar cierto efecto que estas solían tener...


Cerca se encontraban ya de los riscos de blanca piedra. —Entre mas al norte avancemos mas dulces son las aguas —comento intentando romper el silencio, claro, solo al Capitán Carriedo se le ocurría intentar hacer conversación con una persona que, estaba mas que seguro, habría preferido comer comida inglesa que terminar en aquella situación con el. —Allá, allá hay agua que se puede beber— se adentro en la espesa flora que comenzaba a cerrar el paso cada vez mas hasta hacer que tuviera que cortar con Isabel una que otra planta. El sonido de agua cayendo con fuerza comenzaba a resonar. — ¿Escuchas? —Se le notaba fascinado, tal vez nostálgico. ¿Cuántos años llevaba sin ir a aquel lugar? Tal vez más de los que le gustaría admitir. — ¡La Cascada! —y como un niño corrió hasta la caída de la mencionada sacándose sin cuidado alguno la larga chaqueta roja.


Rodeada de arboles y enredaderas una cascada de no mas de cuatro metros dejaba caer sus frescas aguas a reposar en un lago cristalino. Un arcoíris se lucia apenas por la luz que lograba colarse entre las espesas hojas. Dejo a Isabel con cuidado cerca de la orilla y se inclino a tan siquiera beber, ahogando una exclamación de sorpresa al ver una enorme serpiente nadar con tranquilidad en la superficie. — Fusososo— rio— creo que debo fijarme mejo… ¡Ara! Pero si es inofensiva— paranoico, se burlo de si mismo. — Venga, Johan, que eras tu quien quería agua y comida— le llamo — Provecho— tras beber un poco se levanto en busca de refugio, mas que por el pedido del mas alto por mera necesidad, no era tan idiota como para no buscar algún lugar donde meterse en caso de que la tormenta volviera o de que la isla se pusiera de malas y quisiera echarlos. Oh si, por que ella estaba viva y de alguna manera aun no los había reprendido por hacerse un camino a través de ella.


Antonio se dio cuenta que a pesar de todo aun mantenía su buen humor, cosa bastante extraña tomando en cuenta lo tensa que se ponía la cosa al estar cerca de Johan. Tal vez era el clima soleado, tal vez era la hermosa vista que había o inclusive tal vez era el viento helado que le estaba haciendo estremecer… — Sera mejor que te saques esa ropa mojada si no quieres enfermar— aconsejo en un tono que se antojaba mas bien a orden, ejecutándola también.

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Re: Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Johan Van Gosselt el Dom Jun 19, 2011 9:16 pm

El hacha tenía nombre, a pesar de saberlo desde hace tiempo aun le parecía algo ridículo. Bueno, era Antonio, ¿que NO se podía esperar de él? -Al otro lado, en la arena junto con mi espada- Contestó sin cambiar la expresión neutra en su rostro. ¿Seguir al español? Desconfiaba mucho de su sentido de la orientación y si queria perderse que mejor que hacerlo con el capitán. Vaya, no perdía nada más intentándolo. Al final anduvo trás los pasos del otro, de nueva cuenta dentro de arbustos y enormes árboles y palmeras. Unos minutos después algo le hizo clic en la cabeza, algo que en definitiva lo hizo enojar...

¡Conocía la isla, como la palma de su mano!... Entonces... ¿¡por qué demonios no le dijo antes!? Así no hubiera tenido que caminar al otro extremo de ella, malgastar tiempo, cansarse y cortarse los brazos con las benditas plantas llenas de espinas. Estuvo a punto de desquitarse con un pobre e inocente árbol a lado del cual pasaba... pero no, el no tenía la culpa. Contó hasta diez. Al menos el ibérico no era tan inútil ahora y asesinarlo no era la mejor opción. -¿Cómo es que conoces este lugar?- Preguntó sin mirarlo, tomando algunos frutos de aquí y allá, evitando las azules, a pesar de normalmente llevarle la contraria no deseba averiguar porque no podía comerlos.

Una media hora caminando los llevó hasta lo que al parecer era una pequeña cascada. Carriedo y su hiperactividad comenzaban a cansarlo, pero lo dejaría ser. Mil veces verlo así, a esa faceta suya, la última que había conocido... Lo primero que hizo al llegar a la orilla del estanque fue remojarse el rostro. Inmediatamente una sensación refrescante le invadió y suspiro tranquilo, curvando un poco las comisuras de sus labios.

Inspeccionó el lugar con la mirada, podría decirse que tenían todas las comodidades al alcance de sus manos. Muy, muy, muy en el fondo agradeció a Antonio ya que su orgullo le impedía realizar tal acción. Se acomodó en una roca casi a lado de la caída de agua. Dejó a un lado las frutas que llevaba entre los brazos y se desabrochó la camisa por completo, dejándola sobre otra piedra. Mientras tanto el moreno hacía lo mismo.

El silencio se formó rápidamente entre ambos, de todas maneras a Johan no le interesaba tener una plática con el idiota come tomates, como si eso fuera posible. Bufó fastidiado, por lo que decidió tomar un pequeño paseo de reconocimiento. Si tan solo tuviera mi pipa... pensó metiendo las manos a ambos bolsillos del pantalón.

No se alejó mucho, el bullicio de la cascada aun era audible, con eso le bastaba para regresar de ser necesario. En la mayor parte de su andar el lugar se encontraba sumido en total calma, lo cual empezaba a ponerlo nervioso, sin embargo continuó. Hasta que unos metros más allá alcanzó a visualizar a alguien, tal vez era parte de alguna nave que los estaba buscando. -¡Hey, detente!- Entonces huyó sin más del lugar. De verdad no se esperaba aquella reacción. Su sentido común le decía que ignorara lo anterior y regresara. Más fue terco e inmediatamente se embarcó detrás del extraño. Mala idea...
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Re: Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Antonio Carriedo el Dom Jun 26, 2011 6:50 am

Sonrió travieso, claro que conocía la isla al derecho y al revés — ¿Te has olvidado ya de este lugar, Johan?— había tanta sorpresa como burla en su tono quizá, solo quizá, un poco de decepción. —Siempre al perdernos terminábamos en esta isla, pero parece ser que ni siquiera lo recuerdas— No debía importarle, siguió con lo suyo. Avanzo hasta la parte baja de la cascada, buscando, subió por un pequeño y disimulado camino que había junto a la corriente de agua caída de agua. Se adentro en ella, en un pequeño y húmedo refugio que había tras ella. —Sabia que este lugar me serviría algún día— Rebusco algunas cosas antes de salir por fin en búsqueda del holandés. Lo llamo a los gritos más de una vez primero por el nombre y luego por cualquier apodo/alusión estúpido(a) que le paso por la cabeza. — Tulipancito si no apareces en este momento...— una risita infantil le puso alerta. No estaba solo.

Suspiro, quedándose quieto por unos momentos. Tenia dos opciones o se habían llevado a Johan o el había ido tras ese algo o simplemente lo abandono otra vez y se subió a un barco que iba pasando... bien técnicamente eran tres pero el no iba a hacer caso a la tercera. Claro que no. Tomo su hacha antes de cualquier otra cosa y agudizo los sentidos. Era técnicamente un capo neutral, no podía combatir ahí... pero defensa no era técnicamente una forma de combate.

Avanzo en busca del holandés, quien seguramente ya estaría perdido y asustado como un conejo pensó, gustoso de la idea. O tal vez la misma isla se lo había llevado para sacarle lo cabezota, intento razonar. Ignorando, de la forma mas hipócrita y descara, el hecho de que el era igual de cabezota con la pequeña diferencia de que mas bocón.

Respiraba de forma lenta y casi pausada. La mirada esmeralda captaba todos y cada uno de los movimientos a su alrededor, al acecho. Debía movilizarse si lo quería encontrar así que, con paso ágil y casi por completo silencioso, inicio su búsqueda. Comenzó a recorrer de forma cautelosa de uno a otro lugar.

Antonio maldijo, ¿En que momento se había perdido? No, mejor planteado. ¿Como se había perdido en ese lugar? Casi era para darse contra un árbol o una piedra. Volteo Aun escuchaba la cascada así que se mantenía ubicado… según el. Había pasado ya bastante, cuando escucho una voz, — ¡Hermano! ¡Hermano! —Estaba seguro que no era humana aquella voz, aun que también que aquel llamado no estaba dirigido a el. Era mejor apurarse. El llamado se convirtió en un grito desesperado de ayuda que casi hacia que el interior del capitán se estremeciera al reconocer aquella melodiosa y dulce voz. — ¿Bel bel?— si, una de las hermanas de Johan… Estaba enterado ¿Qué mas se podría esperar de uno de los siete dueños del mar? Si no llegaba rápido seguro que Johan caería en la trampa y…

Dejo de maquinar todo tipo de ideas cuando miro al neerlandés justo al borde del volcán, en una de las pendientes, intentando subir a una joven rubia que era la que gritaba. — ¡Detente! —Su voz había resonado en toda la isla, estaba seguro. Pero de lo que no pudo haberlo estado fue de por que el piso comenzaba a desaparecer. La palabra <<Idiota>> resonó en su mente. Era el quien había caído en una trama, en una ilusión.

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Re: Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Johan Van Gosselt el Miér Jun 29, 2011 7:58 am

Se detuvo unos instantes a tomar el aire, colocó las manos sobre sus rodillas para recargarse y en ese pequeño lapso de tiempo la presencia de una persona justo detrás de él lo motivó a voltearse. Nada. -¿Qué demonios?- Estaba total y completamente seguro de que había alguien, incluso escuchó su respiración. En un principio se le ocurrió que Antonio quería jugarle una mala pasada, sin embargo, a quien perseguía parecía una mujer jóven; y además, había dejado al ibérico en la cascada. Aunque le gustaría haberle echado en cara que su plan había fallado, el capitán no era el responsable.

Intentó regresar abatido por no atrapar a quien se que fuese, a lo mejor y la isla si estaba habitada... bueno dejaría eso para después. Ahora solo quería retornar y descansar. Observó a su alrededor: árboles, árboles, palmeras, arbustos y más árboles estúpidos. Bufó molesto. El otro tenía razón, él varias veces puso pie en aquel pedazo de tierra en medio del océano. Lo malo es, que jamás prestó la atención necesaria a las instrucciones y direcciones del mayor sobre los lugares más importantes de la isla. -¿Para qué? Si lo único que sale de su boca son bobadas- Pensó en voz alta.

-¿Hermano? ¿Hermano?- Dio un respingo. La voz de la muchacha sonaba lejana, pero poco a poco se fue acercando y para sorpresa del rubio era nada más y nada menos que su pequeña hermana, la cual inmediatamente lo abrazó. -Cuanto tiempo sin verte, ¿por qué no nos has visitado?- De no ser por el hecho de que sus verdaderas hermanas pensaba que estaba muerto, se hubiera tragado al instante toda esa palabrería. Fulminó con la mirada la parte superior de la cabellera rubia. La tomó de los hombros, alejándola bruscamente. Eligió cualquier camino y le dio la espalda sin mediar palabra, a lo que la ilusión, si así podría llamarle a eso aunque se sintiera tan real, comenzó a gritarle y sollozar.

Mantuvo la calma, respiró profundo varias veces e intentó no derrumbarse ante lo recien acontecido. Muy en el fondo deseaba poder hablar y convivir adecuadamente con la única familia que le quedaba... De pronto la arena debajo de sus zapatos avisaba que había llegado a la playa y allí ante sus ojos aperecieron dos figuras.

-¡Cállate! ¡Tú no impedirás que me vaya! ¡Es mi vida y decido que hacer con ella! ¡No tienes ningún derecho sobre mi, no eres mi padre... no eres nada!- Su propia voz distorsionada por el constante choque de las olas retumbó en sus tímpanos. Ahora recordaba, en aquel lugar fue la última vez que discutieron y donde su persona había deshecho todo vínculo con Antonio. Observó detenidamente la expresión del moreno: seria y de cierta manera oscurecida. -¿¡No piensas decir algo!? Bien, preferible así. ¡No volveré contigo ni con tu tripulación, punto final!-... Y luego ambos luchando cuerpo contra cuerpo, sin importar las heridas o el cansancio. Las armas terminaron lejos minutos más tarde y lo único válido eran los puños, las patadas y alguno que otro codazo.

El Johan actual, el espectador en aquel recuerdo no sentía arrepentimiento o culpa, ¿por qué debería? Si el posesivo y egoista era el de mirada esmeralda. Por un segundo, se sintió un simple objeto o juguete para la diversión de su antiguo capitán.

Caminó unos metro más allá, ignorando la escena de la pelea. A veces revivir el pasado no es una de las mejores ideas. -¡Idiota!- Llamó. Al parecer el español lo buscaba, ya que de entre la espesa vegetación notó la gabardina roja que siempre usaba. El aludido se asomó por encima del hombro y sin saber el neerlandés la razón, este salió disparado. -Maldito, ¿primero te preocupas y después huyes?- Corrió guiándose solo por el llamativo color, llegando un punto en el cual lo perdió de vista. -¡Deja tus juegos, no estamos para eso ahora!- Lo regañó esperando que escuchara. Cuando un intenso dolor en la parte posterior de la cabeza lo hizo caer de rodillas. Por lo visto algo o alguien lo atacó por la espalda... Cobarde Fue lo último que pasó por su mente antes de recibir un segundo golpe y quedar semiinconciente.
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Re: Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Antonio Carriedo el Dom Jul 10, 2011 5:36 am

Los golpes iban y venían sin cuidado alguno. No era una de esas típicas peleas en donde terminaban en más que nada golpes cariñosos y algunas risas… Johan iba en serio y a Antonio no le quedaba otra que defender… si al menos no hubiera estado gritando aquellas cosas su ira no se habría desatado. La cosa costaba en que el español se estaba cansando de aquel evidente odio que le mantenía su secuaz… y como buen padre que era no podía si no darle su merecido para que entendiera… Entonces… ¿por que soltó a reír cuando miro el cuerpo de Johan chocar contra la verga del barco con un estridente ruido? ¿Por que se emocionaba tanto cada vez que golpeaba la suave piel blanca? Estaba disfrutando de lo lindo lastimándolo… y ese era solamente el principio… apenas lograra detenerlo lo castigaría como nunca lo había hecho en la vida…

El mocoso conocería el dolor en su más pura forma… y no se refería a dolor físico exactamente….

Golpeo con su hacha a Johan sin siquiera medir su brutal fuerza ni la ventaja que le daba la dureza del arma metálica. Sonreía fuera de si ¡Había enloquecido! Estaba seguro, pero, ni con todo eso podía dejar se sentir la culpa al ver el cuerpo de su subordinado en el piso. El mismo Antonio se podía creer que pudo haberlo matado… Todo ante sus ojo ese disolvió en pequeños cuadros que caían a sus pies convirtiéndose en polvo, quedando no mas que oscuridad… pero aun así sabia que no estaba consiente ¿seria aquel su castigo por intentar con todas sus fuerzas no ser abandonado… otra vez? ¿Tal mal estaba querer tener una familia feliz? Gruño al sentir aquello sentimientos volvían. Ya había superado eso ¿No?

— ¡No tienes ningún derecho sobre mi, no eres mi padre... no eres nada!—

Intento abrazarse a si mismo en busca de aquel calor que había perdido recientemente su cuerpo… o era al menos lo que el sentía. Un frio húmedo… como el dormir bajo la lluvia… le dolía y le seguiría doliendo hasta que… ¿lo recuperara? ¿Encontrar a su madre…? Suspiro dejándose caer en aquella oscuridad que le rodeaba… pensando. Cuestionando sus metas… ¿Que era lo que realmente quería? ¿Qué le haría ser feliz? ¿Qué buscaba realmente? Tenía años sin cuestionárselo…

Suspiro al sentir una brisa cálida envolverle y una pequeña sonrisa se formo en los finos labios. Era un imbécil como decía su amado italiano…

Y entonces abrió los ojos.

Se sentó en donde fuera que estuviera y, tras examinar un poco el ambiente noto que se encontraba a las faldas del volcán. Suspiro aliviado al ver que se encontraba a salvo de aquella ilusión. La isla era muy cruel para mostrar el camino…

Rebusco con la mirada a su ex secuaz reflejando su preocupación en aquel verde mirar que a tantas y tantos había encantado. Se levanto en un movimiento rápido, notando que tenia la pierna herida miro con cuidado — Tampoco es demasiado grave— se dijo, sin creerlo. Vocifero el nombre del otro caminando sin rumbo fijo ¿de que le servía? Apenas recordaba algo de aquella isla y estaba seguro de que Johan recordaba aun menos. ¿Qué mejor forma de encontrar a alguien perdido que perdiéndose más? Si, la insuperable lógica del capitán Antonio.

Tomo velocidad, no traía consigo a Isa-chan así que tenia una mayor movilidad, aun que le faltaba equilibrio por el daño a su pierna. Sin hacer muchos cálculos supo que no duraría mucho con esos sangrados. El no lo noto, pero bajo el en su sombra se proyectaron un par de grandes alas… Se dejo guiar por su instinto hasta encontrar al pequeño Conejo tirado en medio de la playa, en el mismo lugar en donde habían terminado cuando cayeron de los barcos. El alivio invadió su alma y su sombra volvió a la normalidad. Cayó de rodillas frente al otro quien parecía dormir y apenas comprobó que aun respiraba gruño con una leve diversión. Seguía molesto con el — y luego dices tu que yo soy el que trae los problemas— Golpeo el puso con un puño sacando su frustración, justo aun lado del rostro de mas joven.

— Apenas despiertes…— y se levanto, aun tenia algo que encontrar en aquella isla que danzaba en la línea de lo maldito y lo sagrado… — Ya lo verás, Pequeño Conejito

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Re: Perdido con un idiota [Antonio Fernández]

Mensaje por Johan Van Gosselt el Mar Jul 12, 2011 7:32 am

Una, dos, tres, cuatro horas... no tenía ni la más mínima idea de cuanto tiempo había permanecido inconciente. No recordaba mucho de lo sucedido, solo el fastidioso dolor de cabeza que lo acosaba desde un principio, lo mantenía al tanto del hecho de haber sido atacado y golpeado por la espalda. Se removió un poco en su lugar, era extraño, como si estuviera de nueva cuenta en la playa. Sin abrir los ojos tomó con su puño y al sentir la arena escurrir entre sus dedos, dedujo lo ya obvio.

Apoyo los codos en el suelo y lentamente se sentó. Al parecer el sol comenzaba a morir en el horizonte. Suspiro sin muchos ánimos. Todo por seguir a lo que sea que fuese, ilusión, persona, ya no importaba ahora aquí las consecuencias de sus acciones. Dirigió la vista hacia los lados e instantáneamente se topó con unas orbes del color del jade observando cada movimiento en silencio. -¿Qué miras?- Escupió con hastio cada palabra, devolviéndolo la misma mirada esmeralda, sin embargo, esta reflejaba odio.

-Se puede saber, ¿¡por qué huiste hace unas horas!? ¡Tuve que seguirte como un idiota para que luego desaparecieras! ¿Quiéres jugarme una broma o qué?- Encaró al ibérico totalmente molesto recordando ese detalle y su persecución. -¡Maldita seas, no vez que no estamos jugando!- Tardó en darse cuenta que su espada ya no se encontraba con él, al igual que la enorme hacha de Antonio. "¡Genial!" Pensó. Su situación iba de mal en peor. Quería ser optimista, pero comenzaba a ver casi imposible salir de la isla.

Volvió a recostarse tapando con uno de sus brazos parte de su rostro. Pronto el ruido a su alrededor provocado por las olas y la brisa meciendo las hojas de las palmeras cercanas a la playa lo relajó, dejándole pensar con mucha más claridad...

¿Por qué Bel había aparecido ante él? Tenía muy en cuenta que era solo un juego de ese pedazo de tierra, pero ello no le quitaba de la mente la voz de su hermana. Muy en el fondo deseaba poder reencontrarse con sus únicos familiares, tal vez en aquel lugar se podian apreciar lo miedos y anhelos más profundos de cada persona...

Dejó unos instantes sus pensamientos, levántandose rápidamente. -Regresemos a la cascada, allí al menos tenemos agua y posiblemente también refugio- Se plantó frente al capitán más tranquilo y con su paciencia recargada, porque tener que soportarlo requería de una gran cantidad. Entonces se fijó en algo cuando lo escudriñaba con la vista desde su posición: una muy notable mancha de sangre en su pierna derecha, justo por encima de la rodilla.

Se puso de cuclillas y sin pedir permiso examinó la herida. Durante su estancia en la academia de la guardia real aprendió un poco sobre curaciones, para esos momentos de la batalla en que los doctores eran escasos o simplemente no estaban presentes. Tenía que vendarlo de alguna manera para contener la hemorragia mientras llegaban a la cascada. Ignorando toda queja del mayor acercó su mano a la gabardina roja de este y arrancó un pedazo suficientemente grande. -Si no hago algo simplemente serás un estorbo- Lo fulminó con la mirada realizando un perfecto vendado. Cuando terminó su trabajo le ofreció con algo de desagrado su hombro para recargarse. -Apresúrate, ya casi se nos acaba la luz, tú guías-
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Johan Van Gosselt

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